Archivo de la categoría: Poesía

Tan sólo cuando puedas…

Tiempo
dile a la vida:
que deje escapar al prisionero
que aún está metido en tinieblas.

Hastiado de llorar su penuria en silencio,
hastiado de la paz circundante de las trancas,
hastiado de ahogarse en sus  propios gritos.

De fingirse dichoso,
de ser único en su especie.
Oculto tras las risas de cartón.
En la levedad de un camino sin retorno;
anclado en el infinito…

Tiempo
dile a la vida:
en voz baja,
para no ahuyentar a los incrédulos.

Que haga girar la llave
para que huya a su destino.
Que no mire hacia atrás,
que mire al otro lado del río,
que no se detenga,
que siga su curso,
que no tema al vacío que acecha en la oscuridad.

Tiempo
dile a la vida:
que sólo,
tan sólo.
Cuando pueda enfrentar al vacío,
sorprenderlo,
dejarlo sin paz.
Maltrecho, indefenso, irreversible…
Se detenga.

Y sólo,
tan sólo.
Cuando pueda volver a asombrarse,
cuando pueda volver a ver.
Y oírse, otra vez en sus sueños;
volver a si misma y reencontrarse despierta.
Cuando la magia, no sea un bello recuerdo postergado.
Cuando sea capaz de llorar
y de  gritar de nuevo:
su amor, su odio o su desprecio.

Entonces,
Sólo.
Y tan sólo, entonces,

Tiempo
dile a la vida,
pero esta vez,
en voz alta
para que escuchen los incrédulos:

Que aún, le das tiempo.

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Allá, donde la lluvia…

Me encontré caminando, aquí, tan lejos de vos, bajo el sol, y no lo sentía.
Me encontré en la calle, entre la gente que hablaba y que se reía, y no la veía.
Se terminó aquel día, llegó la noche…
Y continuaba preguntándome: ¿cómo era posible?
Cómo todo, aquí, seguía tal cual, aún, sin vos.

Que ya no ocupabas tu espacio, que ya no estabas, que ya no eras,
que ya no… que ya nunca más.
Pero, ¿acaso, yo?
¿Acaso, yo, todavía no escuchaba el sonido del clarinete?
Divino sonido en aquellos días de caramelos y muñecas.
Nena de ojos de fuego que danzaba frente al espejo
¿Te acordás?

Aquella pasión que me dejaste y que se niega a dejarme,
hiriéndome con esa saña que hiere a muerte.
Como solo el recuerdo es capaz de herir.
Te fuiste, te fuiste tan lejos de mí.
Y tan solo, tan único, tan vos…

A veces, aún hoy, te siento.
Veo tus ojos de papel, y aquel velo que los empañaba el día en que te dejé, allá.
Sí, aún lo veo, ¿sabés? Aún, sí, te encuentro y me encuentro en vos.
En el preciso instante en que se eriza mi piel hasta dolerme;
cuando te pienso, escuchando el solo del clarinete,
cuando estoy triste, cuando me equivoco, cuando me frustro,
cuando me río hasta morir, cuando me emociono, cuando soy feliz,
cuando me miro en el espejo, y qué se yo…
Será, porque te llevo en  mis entrañas, porque tu vida late aún en mí.
A pesar de tus cenizas…
Por más que los años, que van pasando, me acerquen a tus años.
Cada nuevo día que nace sin que estés.

A veces, escucho de nuevo, a miles de kilómetros de distancia,
aquella voz rota y desgajada en el teléfono que me trae esa noticia vacía ausente de sonido hundida como negra es la muerte.
Y solo la muerte puede serlo.
Y me vuelvo a despedir de vos…
Y te volvés a despedir de mí con aquella tristeza gris,
antes de aspirar por última vez aquel olor a la hierba húmeda.
Luego de que la lluvia llorase con furia todo aquel dolor sobre nosotros.
Antes que la distancia nos partiera en dos.
Definitivamente.
Sin piedad…

Y me devuelve la tristeza gris en tus ojos de papel
Aunque intentaras mal ocultármela tras el dibujo de una sonrisa.
Y volvés a intentarlo, y cada vez, yo, en vano, también intento arrancarte aquel velo gris de un soplo sin conseguirlo.

Hay veces que te busco y logro capturarte apenas en un fragmento
Hoy, quizá, sean tus dedos largos acariciando las llaves del clarinete,
O tal vez, mañana, será tu rostro…

Insignificante migaja que quedó cobijada en esta pobre y escasa memoria
Y escalo.
Y escalo la montaña del tiempo
Y me observo en el espejo. Quiero recuperarte
Mientras está sonando aquel solo de clarinete
¡No te vayas, no me dejes, pobre imagen de cartón quebrado!
Y ella, ni siquiera, ella, cesa de abandonarme,
Desvanecida, por siempre, desaparece y muere
Como hacen las gotas de lluvia en la tierra hambreada…

Entonces, me despierto, y miro…
Todo continúa en su lugar y en su rutina,
pero vos ya no ocupás un espacio en tu espacio.
Me observo en el espejo,
y veo que no se detuvo el tiempo
No compartís mi aire, ni mi tiempo, ni esta historia.
Aunque siempre serás mi historia.
Y volverás a despedirte y volveré a despedirte.
Siempre.

Porque te quedaste, allá…
Donde se siente el olor a la hierba húmeda
luego de que la lluvia llore con furia sobre nosotros.

Y aunque aquí, todo siga,
tal cual.

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